Dibujo, verbo y complemento

Exhibición colectiva / 04—11 AGO.2018

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¿Cómo explicamos la permanencia y expansión del dibujo en esto que tendemos a llamar “las artes”?

¿Que hace que el dibujo no haya sufrido estos desgastes y se haya mantenido como vehículo de expresión, estímulo de creación y medio de investigación entre otras cosas?

La tutoría de proyectos de producción en dibujo que hemos llevado a cabo en TACO ayuda sin duda a encontrar una respuesta. Diez proyectos individuales, diez desarrollos con afinidades y diferencias que a través de los meses han buscados aclarar los porqués y los cómos de sus planteamientos y con ellos los del dibujo en sí.

¿Qué nos queda?

Quizá primero, la perplejidad que produce la evolución que los proyectos tuvieron. Entramos con ideas prefijadas y salimos con nuevos horizontes, los trabajos evolucionaron de maneras no previstas sin abandonar la esencia de los objetivos particulares. ¿Cómo explicarlo?. El dibujo lo permite por ser una actividad de extraordinaria flexibilidad e inmediatez, sus requerimientos son mínimos si descontamos el esfuerzo de creación que conlleva. Pensar y actuar parecen en el dibujo conectarse de manera casi inmediata. Por otra parte el impulso que da la conciencia de los propios logros y posibilidades ayuda sin duda a encargarse del resto.

Existe un dibujo al que describiría como un camino, una práctica dirigida que en la medida que se frecuenta, otorga conciencia y destreza sobre múltiples aspectos. No es a este dibujo sin embargo al que nos referimos en esta ocasión. De lo que hablamos aquí es de un proceso creativo que tiene como centro los objetivos imaginados y pensados de cada uno de sus participantes. La diversidad es en este sentido una palabra clave para entender y explicar los productos que ahora se muestran, frutos sí de la acción, pero también de la reflexión.

¿Qué comparten, qué los diferencia?

De lo primero, hay una pequeña característica de la que tal vez podríamos hablar, y que aunque parezca obvia se puede tratar de aclarar; el protagonismo de la superficie, del soporte, como una presencia con la que hay que contar de entrada porque es parte de la obra. Casi siempre es papel, un papel específico para cada proyecto, más grande o más chico, más liso o áspero, más luminoso, más oscuro, más grueso o más delgado, más frágil, más resistente, papel industrial o de fabricación artesanal, ¿oriental, español, francés o italiano? Son algunas de las elecciones que nuestros artistas han debido resolver de acuerdo a sus necesidades y posibilidades, todos lo han hecho sabiendo que este elemento formaba ya parte de su propio discurso.

Predominio del negro, pero no tanto, la línea pero no siempre, ¿la representación, la síntesis, la abstracción? Narrativo, simbólico, predeterminado o casual, todo cabe nos dicen nuestros artistas, aquí no hay más norma que la que cada uno se ha planteado.

Obra de Pamela Zubillaga

Obra de Pamela Zubillaga

Misterio, todo es distinto y todo es dibujo.

Anahi H. Galaviz y Pamela Zubillaga, desarrollaron trabajos que involucran al cuerpo, el propio y el “otro”. A su manera, recurren a la descripción y a la memoria, Anahí de manera autobiográfica continúa con su reflexión sobre el interior visceral y la fragilidad de un exterior vulnerable, la enfermedad tema recurrente en su obra, parece en este sentido desarrollarse ahora como un estira y afloje entre estas dos realidades. Nada mejor que tomar los manuales de anatomía para usarlos como referencia formal, las búsquedas de papeles y superficies diversas para sus fines le han ayudado a crear imágenes insólitas y atractivas en cada uno de sus volúmenes.

Por su parte Pamela también se acerca a una descripción interior y exterior de la enfermedad, su interés sin embargo parece más reflexivo, no quiere solo hablar de ella sino también de sus posibles significados, olvido y memoria dan paso aquí a descripciones oníricas. Con los distintos modos de acercamiento, el conjunto pretende una visión más holística y compleja buscando una manera de abarcar un mal tan invasivo como el alzhaimer.

José Luis Vázquez, también recurre a la memoria, pero no es directamente al cuerpo al que alude sino a los símbolos que conforman lo que ellos representan, utensilios, vestimentas, objetos, que definen roles y funciones pero que son en la vivencia personal imágenes entrañables de la cotidianidad. Hay un esfuerzo de síntesis en sus resultados que se acercan a lo poético.

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Eduardo Barrera, sale al exterior, le importa la mirada que escruta su propio entorno urbano. Los estímulos que encuentra como es de esperarse son continuos y en progresión delirante, los une sin embargo, su gusto por las estructuras, las evidentes y las ocultas, las macros y las menores, también la línea como factor esencial le facilita la expresión de estos hallazgos, como su deriva, impredecibles.

Rodrigo Flores concreta una singular serie que logra unificar dos elementos que ya rondaban en sus intereses pero que aquí se unen de manera afortunada, su gusto por el pasado, representado en alusiones arquitectónicas y su conexión con el presente de alguna manera citado en la creación de redes cromáticas.

Ricardo Rodríguez, en efervescente evolución ha planteado búsquedas que han tenido como pretexto las tareas escolares y los referentes reales e imaginarios que permiten las convivencias más bizarras posibles como a menudo sucede en nuestra realidad sin darnos cuenta. Su quehacer parece ir tomando un interés cada vez más involucrado con la crítica social.

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Andréa Romero, formada en Alemania, en Berlín concretamente, disfruta como Eduardo la experiencia del paisaje, pero no directamente urbano, Andréa encontró que la línea y su fluir imaginado describen rutas y generan lugares que intensifican nuestra sensaciones espaciales, un encuentro que empezó a darse aquí pero al que auguro un largo recorrido.

José Luis Jauregui ha dirigido sus energías a un proyecto que si bien involucra al dibujo lo hace con la intención de provocar un grado de autoconocimiento que también deje un aprendizaje sobre nosotros mismos. El performance no es ajeno a este propósito. Más allá de comprobar su eficacia, los resultados ameritan el esfuerzo.

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Ricardo Sierra es un artista con experiencia pero abierto a ejercicios que lo muevan de sus propias certezas, ha entrado para ello en una práctica que desde fuera da la impresión de caos, él sabe sin embargo dirigirlo, al final el conjunto de intenciones se impone y explica.

Laura Elena Garduño ferviente admiradora del reino mineral parece querer decirnos qué también puede tener otros intereses, no pierde sin embargo su atracción por el color y sus cambios sutiles, las imágenes se muestran como un diario que asume las experiencias vividas.

¿Qué decir?

Como tutor durante estos meses he visto los beneficios del diálogo y la disposición. Quienes participamos hemos tratado de explicarnos y escucharnos, también hemos tenido referentes artísticos para enriquecernos y confrontarnos.

He tratado de llevar la conversación a lugares que estimulen e impulsen la acción.

Serán los propios artistas participantes quienes juzguen la validez de este ejercicio, también será el juicio del espectador el termómetro que pueda darnos el empuje para continuar por este camino.

Por mi parte me resta sólo el agradecimiento a todos, sobre todo a Anahí H. Galaviz por su coordinación y por supuesto a Sergio Ricaño nuestro director y guía, sin sus sugerencias estos talleres nunca habrían existido.

Obra de Anahi H. Galaviz

Obra de Anahi H. Galaviz

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